María Luisa Bombal tiene unos ojos tiernos y enloquecidos, una nariz grande y firme y una mueca que se le estira en todo el rostro con alegría o se le achica en tristeza.
Nació en Viña del Mar, Chile, el 8 de junio de 1910 y se murió de una enfermedad gastrointestinal en Santiago de Chile el 6 de mayo de 1980. Los escritos que hablan de su obra suelen contar el amor fallido con Eulogio Sánchez por dos desenlaces estruendosos y cercanos a la muerte: un disparo que se da ella misma en el hombro y, en una ocasión diferente, un disparo que ella le propicia por la espalda a Sánchez. No quisiera reparar mucho en estos eventos anecdóticos y trágicos porque en su obra se revela, quizá, más a profundidad su dolor, inteligencia y complejidad. Y es porque en este breve escrito planteo que la autora es su obra y que no habría forma de haber escrito qué era ser mujer en el siglo XX sin haber tenido la experiencia de serlo. Y segundo, porque su vida parece tener el mismo lenguaje poético que La última niebla (1935), La amortajada y el cuento que trataré aquí El árbol (1939). A Bombal no le interesaba el feminismo, por lo cual la lectura de sus textos -aunque se quiera y puedan ver detalles del relato de una injusticia frente a la vida de las mujeres- es más interesante si se ve cómo se lee: mujeres que se escriben a través del lenguaje poético, no como reivindicación sino como la imagen poética de esas vidas, como su posibilidad y su lugar en el mundo.
Si quieres saber más sobre la vida de la escritora, visita nuestra Biografía de María Luisa Bombal.

El árbol es un cuento poético, musical y experiencial. Los tiempos de la narrativa son complejos porque se mezclan las obras musicales de tres compositores -Mozart, Beethoven y Chopin- junto con las cuatro estaciones del año -invierno, primavera, verano y otoño- mientras se relatan los recuerdos de la infancia, la juventud y la adultez de Brígida; transversal a estas formas del tiempo, el momento que despierta y cierra la memoria es un concierto de música clásica en el que ella está con sus hermanas. La primera obra es la de Mozart que la lleva a través de un “puente suspendido sobre un agua cristalina que corre en un lecho de arena rosada. (…) sigue cruzando el puente que Mozart le ha tendido hacia el jardín de sus años juveniles” (p.1), siguiendo esta descripción el lector sabe que hay una música de fondo, que pudiera ser buscada en las descripciones y que me atrevo a decir es la sonata K545 (1788), que escuchándola en el fondo mientras se lee, hará que lo que se entiende y se siente sea realmente llegar a esa puerta de la memoria de la infancia. También podría no escucharse, y aun así, el lecho de arena rosada, los lirios de hielo -que indican el invierno- y las escaleras de mármol hacen el ruido musical del frío y de lo que fue su niñez y adolescencia.
Lee más sobre «El árbol» en nuestros Fragmentos de la obra de María Luisa Bombal.
En esta primera parte, se habla de Brígida la niña retardada, olvidada y menospreciada por su padre; mujer que no ha dejado de ser niña: le gusta jugar a sus dieciocho años con muñecas y ve el mundo como un juego. En esta niñez se enamora de Luis, un amigo de su padre, del que se enamoró desde niña y quien le decía a Brígida, con cariño “collar de pájaros” por sus brazos que siempre le rodeaban el cuello. El ser tonta e ignorante permite observar el mundo desde la permanente inocencia y el tropiezo, desde la fijeza en lo abstracto, en lo que ella no alcanza a explicar bien y por lo mismo puede dejarse llevar por lo que siente sin tener que pensarlo. Su inocencia frente al mundo le abre una intimidad poética pues afuera es tonta y por dentro rastrea el mundo con las posibilidades de la sinestesia.
Sigue Beethoven, el Claro de Luna (Beethoven, 1801, 15min) que “con suaves olas la va empujando, empujando por la espalda hasta hacerle recostar la mejilla sobre el cuerpo de un hombre” (p.2) y entonces Bombal pone a Brígida a escuchar el silencio de un pecho cuyo corazón está fundido más allá de los huesos y no se puede escuchar. A su marido no se le escucha el corazón, es un hombre. Sus meditaciones fueron acompañadas por un gomero que golpeaba con sus ramas la ventana. El viento hacía sonar sus hojas como un oleaje, no era ya la obra de Beethoven o del mar, sino el sonido mismo de un árbol que iba directo al río. Las sombras del follaje se reflejaban en su cuarto y parecía que “fuera un mundo sumido en un acuario. ¡Cómo parloteaba ese inmenso gomero! Todos los pájaros del barrio venían a refugiarse en él.” (p.3) Este árbol es el ingreso a su intimidad. Las sombras, los espejos y las lámparas le abriga el pensamiento y el sufrir por un hombre que no tiene tiempo. Brígida se siente herida y enfadada con Luis porque no la lleva a viajar; pero ella no sabe insultar, no sabe poner afuera lo que sucede dentro sí. Su arma se vuelve el silencio. Es cuando se queda callada que el lector se da cuenta de que ella no alcanza a decir, como si todo estuviera en potencia de ser y ese “casillegar” le diera la herramienta de crear para sí: a través de la música, del gomero, el dolor y su cuarto, ahí se entiende, a través de las cosas, como si ella mirara de afuera hacia adentro.
En esta penumbra del lenguaje, en medio de un verano lluvioso, Chopin la acompaña en su tristeza y rabia, en su decisión de permanecer callada. Chopin -tal vez- le tocaba Gota de agua (1838) “la lluvia que resbala por las hojas del gomero con ruido de cascada secreta, y parece empapar hasta las rosas de las cretonas” (p.5) y mientras tanto “Allí estaba el gomero recibiendo serenamente la lluvia que lo golpeaba, tranquilo y regular” (p.5) igual, “Luis la quería con ternura y medida; si alguna vez llegara a odiarla, la odiaría con justicia y prudencia. Y eso era la vida” (p.6) y ella había resuelto que “Una podía pasarse así las horas muertas, vacía de todo pensamiento, atontada de bienestar.” (p.6) Este hilo de frases manifiestan que la vida se había vuelto una renuncia al deseo, pero no a causa de su ignorancia, sino de la aceptación y consciencia plena de su vida, es una tranquilidad desoladora y que se vuelve aprehensible por el gomero con el que se siente identificada. Así, es también el lenguaje poético lo que le brinda la claridad de saber lo que le sucede.

Brígida vuelve a hablar y a sentir con resignación y entonces, el gomero ya no estaba y la luz entraba sin tapujos por todos los agujeros del cuarto revelando la vejez de Luis y su inocencia. Como si la hubieran arrancado como al gomero de sus raíces y la expusieron a estar en el mundo como es. Y entonces supo que ella deseaba amor y viajes, que el desarraigo del gomero, es decir de las sombras de sus ramificaciones hacían su mundo, un mundo de reflejos y que esa nueva luz la hacía poner afuera lo que llevaba dentro, esa luz iluminaba sus deseos y sus sombras. El concierto se acaba y ella dice “—¡El árbol, Luis, el árbol! Han derribado el gomero” (p.8).
Brígida ¿es un? ¿es como un? árbol y surge la pregunta: ¿Qué hace un árbol con las ramas voluminosas y raíces gordas y escandalosas en un vecindario? es como si Brígida y el gomero estuvieran en un espacio que no era el de ellos y del cual era necesario ser arrancados. Brígida era retardada y tonta pero no en el sentido de la falta de inteligencia, sino que iba en un tiempo atrás y por fuera de la lógica, acudiendo a sí misma. Y, sin embargo, en su mente está latente la luz que luego le arrebata la intimidad, porque sabe de los tiempos de los hombres y tiene la habilidad de mirar el mundo como una conformación de objetos, sonido y tacto. Bombal se deja ver a ratos por la forma en que narra y muestra cómo una mujer se encuentra con la luz del lenguaje que revela, no la mentira, sino su propio deseo.
Si te gustó este texto, te invitamos a leer el artículo: «La última niebla»: entre la inmovilidad y la huida.
Colaboración de: Juanita Urrego
Referencias:
Bombal, María Luisa. «El Árbol – María Luisa Bombal – Ciudad Seva – Luis López Nieves». Ciudadseva.Com, 1939, https://ciudadseva.com/texto/el-arbol-bombal/.
Grajeri, Elena. «Los Estudios Sobre Mujeres Y Los Estudios De Género». Introducción A La Literatura Comparada, vol 84, no. 8432, 2002.
Medina, José Ramón. Lectura Crítica De La Literatura Americana. Biblioteca Ayacucho, 1996, p. La Scherezada Criolla.
Rivas, Luz Marina. La Novela Intrahistórica. Editorial El Otro, El Mismo, 2004.
Scott, Nina M. “‘Verbal and Nonverbal Messages in María Luisa Bombal’s ‘El Árbol'».” Modern Language Studies, vol. 17, no. 3, 1987, pp. 3–9. JSTOR, http://www.jstor.org/stable/3194730.

