Selección de poemas: Susana Thénon

Edad sin tregua (1958)

Fundación

Como quien dice: anhelo,
vivo, amo,
inventemos palabras,
nuevas luces y juegos,
nuevas noches
que se plieguen
a las nuevas palabras.
Hagamos
otros dioses
menos grandes,
menos lejanos,
más breves y primarios.
Otros sexos
hagamos
y otras imperiosas necesidades
nuestras,
otros sueños
sin dolor y sin muerte.
Como quien dice: nazco,
duermo, río,
inventemos
la vida
nuevamente.

Juego

Despojémonos de todo aquello
seguro
que se proyecta al exterior
con trazo lentos
y definitivos.
Todos empleados en la tarea
de ser, vivir, sentir
sin otros lazos.
Y quien no atine a sofocar
su amor por lo prohibido,
reclame su derecho al dolor,
su penitencia.
Despojémonos de todo cuanto
nos conformó a imagen y semejanza
nuestra
y gustemos sabiamente para el recuerdo
el minuto absurdo y libre.

La marea

Es dura de aguantar

esta larga ingratitud

de las horas

cuando al fin de tu sueño

compruebas

que se alejaron sin amarte.

Doloroso es sentir cómo la tarde se desprende

y te deja

sin su piel cristalina,

sin su abrazo.

Triste es todo en su fondo cuando a solas

desciende y sube la marea

de la sangre.

Triste y fundamental

y turbio

es este ardor

sin tregua.

Quién

¿Quién caerá primero?

¿Quién estará solo

primero?

¿Quién

se resistirá inútilmente

al cielo que avanza?

Selección de poemas de Susana Thénon | La Ma
Poema de Distancias de Susana Thénon anotado por su amiga, Ana María Barrenechea

Conoce más sobre la poética de Susana Thénon en: Un lenguaje para la poesía: la palabra de Susana Thénon.

Habitante de la nada (1959)

Verdugo

Una voz cercana
me repite: descansa,
y yo
descansar no podría
sino como en sueño
latente,
como flecha que reposa
en su carcaj.
Cada día
mis horas
se tornan más agudas,
más ásperas,
desde que no respiro
y el sol me arde.
Conozco las palabras
a cuyo sonido
las puertas vuelan como plumas
y el cielo es un cojín a los pies.
Conozco el castigo.
Conozco todos los castigos.
Pero hoy amanecí verdugo.

No

Me niego a ser poseída
por palabras, por jaulas,
por geometrías abyectas.
Me niego a ser
encasillada,
rota,
absorbida.
Sólo yo sé cómo destruirme,
cómo golpear mi cabeza
contra la cabeza del cielo,
cómo cortar mis manos y sentirlas de noche
creciéndome hacia adentro.

Me niego a recibir esta muerte,
este dolor,
estos planes tramados, inconmovibles.
Solo yo conozco el dolor
que lleva mi nombre
y solo yo conozco la casa de mi muerte.

A solas

Es cierto
la seriedad de su sonrisa.
¿La imaginas a solas
con tanto grito alrededor?
El tiempo entre los perfumes camina,
destapa un frasco, pierde minutos de dejar morir
entre los trajes a medias vivos,
como recién ahorcados.
Comprendo:
los gritos enmudecidos,
los peces, nacimiento perpetuo.
Antes, una vez…
Nadie lo sabrá nunca.
¿La imaginas a solas
con tanto abismo alrededor?

De lugares extraños (1967)

Medea

Mientras fuera, entre gemidos
las conjeturas más variadas
martillaban el corazón de las mujeres del pueblo,
ella miraba sus manos
y en silencio
leía la escritura indeleble.
Por la ventana entró el murmullo
de los niños de ojos claros,
entró en su pecho envejecido
y lo armó de fuerza más dura que una coraza.
Así se abalanzó hacia las puertas
con el cuchillo de suave lengua.
Entonces comenzó lo que todos saben.

PARA
el que amó desde su encierro
las hojas últimas de un verano,
para el que solitario
se negaron los días y las noches
no hay lugar en un círculo perfecto.
El que busca una fuente no prevista
da con la fuente de la sed, con sus blasones
y vigilias de arena.
Augura y late para nadie el amor
en fortines aislados y carrozas,
en literas sin viento,
en estrechas proas desgobernadas.
Para el que solo sabe de absoluto,
caminos,
no hay lugar en un círculo perfecto.

DAME
la libertad,
abre las puertas de mi jaula,
dame ser aire, espacio:
extraño el mar, tengo sed de su mirada,
tan alto es mi deseo
que como un techo él desciende sobre esta cárcel.
He arrojado la máscara sin saber que ella era el mundo
y que detrás del mundo, en derredor,
otro mundo de sombra se aprestaba a atacar,
que galeotes seremos de oscuras libertades.
No hay esperanza, ya lo sé: dame entonces el engaño
de ver estas cadenas como apretadas ramas
en la paz de tu selva.
Concédeme el error, la locura, el sueño
de que soy un estambre adormecido
sobre tu piedra, al sol.

Portada de Distancias, editorial Torres Agüero

Distancias (1984)

Vaya el más hondo y cariñoso agradecimiento a quienes apuntalaron la construcción de este libro: a Ana María Barrenechea, que sin desmayo me alentó
críticamente durante muchos años difíciles; a Renata Treitel, quien por pura convicción ha traducido estos poemas al inglés, sorteando con enorme talento
numerosísimas dificultades. Y muy en especial a Iris Scaccheri, quien sin saberlo me infundió con su danza la visión definitiva para reelaborar y completar esta obra, cuya duración lindaba peligrosamente con lo interminable.

Cuando Susana Thénon comenzó a escribir los primeros poemas de esta colección, me comunicaba en una carta del 17 de febrero de 1968: Te mando en esta carta dos poemas de la serie “nueva”, los únicos hasta ahora que considero terminados. La serie se llama “distancias” y todavía no puedo explicar claramente, el porqué. Solo sé que tienen relación con la disociación, con la soledad, con la caducidad trágica y tierna del lenguaje, con la “distancia”, aún mínima, que existe entre nosotros y nosotros mismos, o entre nosotros y lo otro. Así asistí desde 1968 al crecimiento de una experiencia textual única, con largos silencios (1970-1982) más dedicados a la fotografía, pero con el mismo dominio genial de su lenguaje, hasta retomar y reorganizar el libro que ahora ofrece. Puedo llamarla experiencia textual única por la complejidad de relaciones simultáneas que establece en todas las direcciones y en todos los niveles: red móvil engendrada dentro de cada poema y por la sucesión de los poemas, siempre en proceso.

Ova completa (1987)

¿Por qué grita esa mujer?

¿por qué grita esa mujer?
¿por qué grita?
¿por qué grita esa mujer? andá a saber
esa mujer ¿por qué grita? andá a saber
mirá que flores bonitas
¿por qué grita?
jacintos margaritas
¿por qué?
¿por qué qué?
¿por qué grita esa mujer?
¿y esa mujer?
¿y esa mujer?
vaya a saber
estará loca esa mujer
mirá mirá los espejitos
¿será por su corcel?
andá a saber
¿y dónde oíste
la palabra corcel?
es un secreto esa mujer
¿por qué grita?
mirá las margaritas
la mujer
espejitos
pajaritas
que no cantan
¿por qué grita?
que no vuelan
¿por qué grita?
que no estorban
la mujer
y esa mujer
¿y estaba loca esa mujer?
ya no grita
(¿te acordás de esa mujer?)

Conoce más sobre la vida de la poeta en nuestra Biografía de Susana Thénon


 

La Malinche blog