Selección de poemas de Amanda Berenguer

El río (1952)

Afluentes

Yo escuché su rumor en mi niñez,
la semilla horadando las paredes,
destruyendo la casa en que nací.
Yo sentía el profundo crecimiento
del árbol inseguro, y la resaca
que la marea de su fronda horaria
dejaba en mi garganta, en las orillas
de la letra terrestre: y no sabía.

Delta

Un viento amargo, irremediable y tenso,

un perseguido, náufrago de España,

un cuervo, un llanto, un índice de niño,

un maleficio, un grito, un alma, un sueño,

una culpa, una muerte, una llamada,

un desierto, un terror, oh dios, un arma,

un arma, una creciente, una venganza,

que estaba el campo áspero y sangriento,

como un ancho y cercano y sollozante

paraíso de amor. Rondaban ángeles

la sangre, bajo los remordimientos,

bajo un invierno deshojado y frío,

y asido el aire, el cuerpo y los recuerdos,

los viejos perros, las pacientes parcas,

la media luna ardiente de las sombras,

─ un bosque, amor, un bosque en fieras llamas,

atizado de seca desventura

─!Oh fúrias familiares! !Flacas y hondasa

vispas de la casa! ¡Compañeras!

Es la hora, las agujas, socorrednos,

ayudadnos a abrirnos la esperanza,

a quebrarnos la sed contra la roca,

a limpiarnos el cieno de la carne,

que estamos solos, áridos y firmes,

contándonos los golpes de la sangre.

Archivo sonoro: Amanda Berenguer recita su poema «Amigos»

Identidad de ciertas frutas

VI

                                             ( las bananas)

La mano azul con guante dorado

                       del racimo de bananas

                       está apoyada sobre las otras frutas:

emite resbaladizos hilos de seda

                               apretados

                               densos

          mensajes de la botánica.

Las bananas ahora

                      transparentes como fantasmas

trasmiten la ternura y una celeste materia.

Nos hemos quedado

Junto a las oscuras cáscaras estrelladas

consumiendo el noticiero

                                       que viene de otro reino.

XI

                         ( la sandía )

Yo buscaba sin saber bien

qué era  repartir aquella extensa fruta.

              Repartir la sandía – me dije –

y sacrificamos en tajadas

                        su fresca encarnadura.

Quedó abierta sobre la mesa mostrando el corazón.

¿De la tarde? ¿De la casa? ¿Del silencio?

Repartir la sandía – me dije-

es repartir una siesta de verano

                  una estación con vidrieras rojas

                                        y desierta

                   una cueva verde habitada por la sed.



XIX

                      (el coco)

Un solo coco se ha instalado

                      en el comedor.

Me acerco a un circo de mi niñez.

¿Un cachorro leonado? Tiene

pelo áspero y duro

        como el tronco de la canela.

Un mono amaestrado

se arroja en mitad de la arena

desde un altísimo trapecio.

En la palmera que da los cocos

                        hay una calesita.

Doy vueltas sobre un caballo blanco.

Ese caballo blanco era de leche

Y estaba dentro del coco.

Archivo sonoro: Amanda Berenguer recita el poema «Filoso como vidrio roto» de Dicciones (1973)

Otros poemas

Nada

Caída en el vacío –sin manos
que sostengan: ah! conjuguen
verbo activo –por favor!
Alcancen una cuerda –una escala–
una mano amiga –
que sostengan los minutos –horas y años–
cayendo en el insondable pozo
de la Nada–.
El tiempo disfrazado de presente
nos engaña en su esplendor,
y pasa y pasa sin detención posible:
Hoy somos y mañana seremos–
cómplices eternos de la nada.



Océano desaguado

Resecos: pensamiento y horas
vacían un temporal océano –
y no ha agua –relucen
estatuas dimensiones –
allí donde se cumple siniestra: la Nada.

Árida y absurda dimensión
deglutiendo vivo el presente –
allí justo –donde habitan
ciegos y sordos –
los pulpos del recuerdo.

Archivo sonoro: Amanda Berenguer lee la introducción de Dicciones (1973)

Conoce más sobre el proyecto poético de la escritora uruguaya en el artículo: La poesía visual de Amanda Berenguer.