Poemas de amor: Idea Vilariño y su deseo erótico

Animada por un impulso de renovación y por una fascinante honestidad en la poesía, la voz de Idea Vilariño se erigió un lugar importante dentro de la literatura uruguaya.

Desde su juventud, Vilariño estuvo inmersa en círculos intelectuales dominados por voces masculinas, con las que entró en diálogo para forjar su espacio propio en la producción literaria e intelectual del país. En este contexto, Idea conoció a Juan Carlos Onetti con quien mantuvo una relación sentimental que, para sus posteriores críticos, fue fundamental en su producción poética. De hecho, la uruguaya le dedicó su poemario titulado Poemas de Amor (1957) y, a su vez, fue la destinataria de la dedicatoria de Los adioses (1954), una de las novelas más leídas de Onetti. De modo que, la relación que mantuvieron definitivamente marcó, de un modo u otro, su escritura. Sin embargo, Idea, refiriéndose a Poemas de amor, aclara: “si bien este libro está dedicado a Juan Carlos Onetti, no todos los poemas son suyos” (Bartalini, 2020, pp. 113, tomado de: Poniatowska, “Esencial y desesperada. Entrevista con Idea Vilariño). Así pues, la autora nos recuerda que la poesía no es simplemente una traducción lírica de la vida, sino una construcción donde la palabra reclama nuevos significados.

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Idea Vilariño y Juan Carlos Onetti

Ya los primeros versos de Poemas de amor construyen un tono poético que atravesará todo el poemario: la voz que habla desde un presente de soledad, en recuerdo de un pasado colmado de la experiencia erótica. Así, la autora propone un juego entre pasado y presente que genera una tensión entre el recuerdo y la conciencia de la soledad. Y allí, en ese saberse sola, es donde la voz se define, se encuentra y se descubre. En el poema “Un huésped” la autora dice: “somos ajenos/ tú/ y yo misma/ y mi casa” (Vilariño, 1979, pp. 8). Aquí, queda manifiesta la carencia del otro, en los primeros dos versos; de ella misma, que apenas se está descubriendo en la escritura; y de su casa, en tanto cotidianidad ahora deshabitada. Es interesante, entonces, cómo la subjetividad de la voz poética se inscribe en un espacio, cotidiano y urbano, de forma que el poema construye ese lugar y lo llena de significados. Así pues, el espacio se hace testigo del encuentro erótico pasado y de su ausencia en el presente: allí quedan las marcas de aquello que se ha ido y de lo que permanece, ahora, abandonado:

Tampoco

Ahora te fuiste. Huelo

tu lugar en la cama

tu calor que aún queda

y al mismo tiempo amarga

ajenamente sé

que sigo sola y que

será sólo mi cuerpo

el dulce poseído

y que tampoco tú

recogerás mi vida.

(Vilariño, 1979, pp. 23)

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En este poema aparece otro de los grandes temas del poemario: el cuerpo. La experiencia del eros, del encuentro con el ser amado y de su partida existen solo en ese cuerpo. Sin embargo, este no es solamente espacio que la voz habita, sino que se une irresolublemente a ella: el cuerpo llama al amado, lo nombra, lo trae al presente. Por ejemplo, en el poema “Te estoy llamando”, leemos: “te estoy llamando /con el cuerpo/ con la vida/ con todo lo que tengo” (Vilariño, 1979, pp. 15). Y en ese acto de llamar al otro que está en fuga, la voz poética debe hacerse rehén de esa palabra, y renunciar a sí misma, para luego volver conscientemente a su soledad. De este modo, en el poema “Entro en el juego” somos testigos de esa experiencia erótica donde el yo y el otro se desdibujan en esa persecución: “me desentiendo me/abandono me olvido/ cuando estás/ cuándo me amas” (Vilariño, 1979, pp. 11). Finalmente, en el conocido poema “Ya no”, el yo poético y el otro amado se definen en su separación: la persecución erótica ha cesado y ella ya puede nombrarse: “Ya no soy /más que yo/ para siempre y tú/ ya/ no serás para mí/ más que tú” (Vilariño, 1979, pp. 30).

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La escritora uruguaya Idea Vilariño

Entonces, en Poemas de amor el lector se encuentra con una voz que se construye tanto en la palabra como en los silencios: palabra que nombra y llama al ser amado, silencios que significan su ausencia. Y en esa ausencia, en la carencia de lo otro, la autora encuentra un espacio, corpóreo y cotidiano, para definirse, para saberse ella. Es ella, Idea, la que habla, la que desea. Y seguirá deseando. En otros libros, quizás, un mundo nuevo.

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Referencias:

Bartalini, C. (2020) “Idea Vilariño: una poética del despojo”. Literatura: teoría, historia, crítica, vol. 2, núm. 2, págs. 97- 125. Vilariño, Idea. (1979) Poemas de amor. Montevideo, Uruguay: Acali.

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