«María Nadie»: entre las miradas colectivas y el deseo personal

Sin duda alguna, la novela María Nadie (1957) es uno de los textos más reconocidos y estudiados de la chilena Marta Brunet. La obra está dividida en dos partes, “Pueblo” y “Mujer”, de modo que el lector encuentra el mundo literario desde una perspectiva doble: primero, la autora nos presenta el conjunto de personajes, enfocándose sobre todo en las mujeres, que conforman el pueblo; después, la palabra es tomada por María, quién narra su vida antes de llegar al pueblo.

Si quieres saber más sobre la vida de la escritora, visita nuestra biografía de Marta Brunet.

La polifonía de la primera parte representa ante todo la presencia colectiva de las mujeres, en juego con los discursos que definen su valor y su legitimidad. Es decir, en Colloco, un pueblo conservador donde el orden masculino es evidente e imperante, aparecen cuatro personajes femeninos que se inscriben, problematizan y subvierten dicho sistema. Primero, Ernestina, una joven casada con un hombre ausente y arrogante, madre de un pequeño hijo a quién ha dado su vida y su dedicación, aparece como una mujer que ha encontrado su lugar en el mundo en relación con su hijo. De hecho, la narradora cuenta que fueron el embarazo y la maternidad los factores que llevaron a la negligencia del esposo: antes, a los ojos del hombre, ella era deseable, seductora y, sobre todo, suya, pero con la llegada del hijo ella deja de ser atractiva y ya no es simplemente

«Ese cuerpo que parecía siempre esperar el suyo».

"María Nadie": entre las miradas colectivas y el deseo personal | La Malinche
Portada de María Nadie (1957), editorial Zig-Zag

Después, La Petaca aparece como un personaje que también va en contravía del discurso de su marido y prefiere dedicarse a su trabajo antes que al cuidado de su esposo. Ella también ha dejado de ser deseable a los ojos del hombre, de modo que su relación es absolutamente distante y agresiva. Sin embargo, tanto ella como Ernestina siguen oprimidas en un sistema donde la mujer está sujeta a discursos que la limitan y controlan. Así, por ejemplo, el personaje de Misiá Melecia personifica las ideas tremendamente conservadoras del pueblo como productor de juicios respecto al valor de las mujeres. Por ejemplo, su reproche a María cuando llega al pueblo tiene que ver con sus formas de vestir inapropiadas para los códigos de feminidad de la época:

Después se puso los pantalones ¡Sí, hasta para dormir los usa! Nada de vestir como se visten las demás mujeres, ella tiene que ser distinta en todo.

De modo que, en la primera parte, la narradora no solo nos muestra la vida de tres mujeres del pueblo y su inscripción más o menos profunda en lo que se consideraba correcto, sino también propone una antesala para el monólogo de María. Con el pueblo, sabemos cuál es la percepción que la comunidad tiene de la joven: desde la figura casi mítica que los niños se hacen de ella, hasta la extrema desconfianza que genera en buena parte de la población, porque

Una mujer sola y sin familia es siempre sospechosa.

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La escritora Marta Brunet en 1950. Fotografía tomada del archivo de la Biblioteca Nacional Digital de Santiago de Chile

Así, la segunda parte nos sumerge en la vida de María, la que el pueblo ha llamado María Nadie, por estar sola, porque así, sola, no era nada. María se narra empezando por su determinación, vital y espontánea, de querer ante todo paz y soledad: la joven se afirma en esa búsqueda de independencia y, aunque admite que aun la ha conseguido, es el impulso que le da vida. Recuerda las experiencias amorosas pasadas, terriblemente violentas y degradantes para ella, que finalmente la han hecho otra: ahora ella reclama una voz que desea para ella misma, que ya no admite ser agredida por una voz masculina, que reconoce un cuerpo que es, ante todo, suyo.

María defiende la posibilidad de elegir la vida. No como una premisa ideológica, sino simplemente como una búsqueda vital: ella no se enfrenta conscientemente a un sistema que la oprime, sino que antepone un impulso personal y genuino hacia la posibilidad de hallar un lugar en libertad. Así, la joven no rechaza tácitamente la opción del amor y la compañía, sino que persigue la posibilidad de un encuentro sincero y espontáneo. Así, María Nadie, “María anónima, María entre mil Marías”, que en primera instancia es nombrada con esta denominación anónima por no hacer parte de los códigos del pueblo, es, finalmente, una representación de la búsqueda de las mujeres de su lugar en el mundo: así como Ernestina lo encontró en el cuidado de su hijo, y la Petaca en su trabajo, María persigue ese lugar que le pertenece y que le promete libertad.

Conoce más sobre la propuesta literaria de Marta Brunet en: «Experiencias de mi vida literaria» (1958).


Referencias:

http://www.brunet.uchile.cl/estudios/bernardita_llan_transgresion.htm

http://www.brunet.uchile.cl/estudios/silva_castro_maria_nadie.htm