La poesía visual de Amanda Berenguer

Hijas de las peculiares experimentaciones poéticas de autores del siglo XIX, como las de Arthur Rimbaud o las de Stéphane Mallarmé, las vanguardias del siglo XX significaron una ruptura radical en la forma de entender y dar vida a la palabra, a la representación y al arte. Entonces, tomó fuerza una valoración de la forma y del lenguaje, en detrimento de la tradicional búsqueda de ritmos y significados en la poesía. Surgió lo que más adelante se llamó poesía experimental y con ella la preocupación por las conformaciones gráficas de un poema: la poesía visual. Como lo afirma Dovile Kuzmaniskaite (2014), esta poesía tuvo un eco importante en el Cono Sur y, para el caso de Uruguay, Amanda Berenguer fue una de sus primeras difusoras importantes.

Específicamente en el poemario titulado Composición de lugar (1976) publicado por la editorial Arca, la autora escribe 19 poemas que se construyen sobre un mismo tema: la puesta del sol sobre el mar en diferentes días. Así, como si se tratase de una serie de cuadros impresionistas, la autora propone una estructura que se repite: primero un poema base “convencional” y luego otros dos que lo siguen, repiten sus motivos y sus imágenes, pero con variaciones significativas en la forma. Veamos entonces un ejemplo de uno de estos trípticos poéticos:

La poesía visual de Amanda Berenguer | La Malinche
«Poniente del viernes 11 de enero de 1974»
«Plano derretido el aire cae»
Poniente III

En primer término, hay que reconocer que no es una escritura fácil y que no nos queda más que retroceder en nuestro afán de una comprensión completa y detallada del sentido del poema como si se tratase de cualquier otro texto. Aquí parece ser que el sentido no está construido desde una perspectiva lógica descriptiva. Entonces, tenemos que saber que ahora el lenguaje significa en sí mismo y ya no en la medida en que describe algo: ya no nos importa entender cuál es el mensaje de una palabra, sino sus características propias, su significado íntimo, formal y liberado del objeto al que remitía. Así que partamos de la premisa de que no vamos a entender la poesía en su sentido completo, ni su significado último: adentrémonos en el juego que nos propone, salgamos de la lógica y veamos una lengua que no quiere traducir el mundo, sino construir unos significados propios. Los versos funcionan como las unidades del poema y trazan sentidos desde tres dimensiones: la grafía, las imágenes poéticas y la recepción.

Si quieres saber más sobre la vida de la escritora, visita nuestra Biografía de Amanda Berenguer.

Portada de Composición de lugar (1976), Editorial Arca

Primero, el poema aparece como una suerte de dibujo donde la página es un espacio en blanco atravesado por los trazos negros de las palabras. Entonces, uno de los sentidos del poema se construye por la distribución espacial de los caracteres, por el ritmo del dibujo y por los silenciosos espacios que quedan en blanco. En segundo lugar, en el plano de las imágenes poéticas el primer poema es el centro de significación: allí se construyen las imágenes de ese tema del atardecer y luego, las dos variaciones, las reinterpretan como si se tratasen de motivos musicales en un concierto. Por último, en cuanto a la recepción, la poesía visual se caracteriza por no ser la reunión de palabras que enuncian significados, sino que, más bien, los sugieren. Así pues, el sentido solo puede completarse con la lectura activa de un lector que juega, interpreta, conecta imágenes y palabras y traza significaciones.

Así pues, Amanda Berenguer pone en el centro de su poética una pregunta por la poesía en si misma: por sus límites de significado, por su construcción en el papel, por el rol de quien lee, por la capacidad que las palabras tienen para construir imágenes y por las propias características de esas imágenes. Entre las luces y las sombras, entre el trazo y el silencio, entre el negro y el blanco y entre el mensaje y el enigma Berenguer nos pone de frente a una construcción que encarna en todas sus formas las condiciones que rodean el lenguaje, la representación y la mirada.

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Referencias:

Puppo, M. L. (2018) «Entre la mirada fotográfica y la imagen fantasma: tres autorretratos de Amanda Berenguer». Recuperado de: http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_abstract&pid=S2145-89872018000200065&lng=en&nrm=iso&tlng=es

Puppo, M.L. (2014) «Teoría y práctica de la poesía cinética en Composición de lugar (1976) de Amanda Berenguer». Recuperado de: https://repositorio.uca.edu.ar/handle/123456789/3912

Kuzminskaite, D. (2014) «Amanda Berenguer: géneros entretejidos». Recuperado de: https://www.academia.edu/23329743/Amanda_Berenguer_g%C3%A9neros_entretejidos