Para mediados del siglo XX, el canon de la literatura latinoamericana estaba enteramente dominado por voces masculinas que, además, hacían parte de herméticos círculos intelectuales afincados en las universidades importantes. Las escritoras se vieron, entonces, en la tarea de pensar su lugar respecto a ese canon desde una voz propia, nueva y transgresora. Gabriela Mistral aparece como una voz realmente novedosa que irrumpió en ese orden masculino académico y lo desacomodó al ser la primera mujer iberoamericana y la primera persona de Latinoamérica en recibir el aclamado Premio Nobel de literatura, en 1945. Más aun, en sus artículos, Mistral estudió la vida y la obra de otras mujeres escritoras y las definió como sus faros poéticos, sus grandes influencias, creando así un canon propio frente al cual posicionarse. Así pues, su poesía está atravesada por una reflexión en torno al quehacer de la poeta y a la experiencia de la mujer escritora.
Conoce más de la vida de la escritora en nuestra Biografía de Gabriela Mistral.
Las preocupaciones de Mistral en torno a la escritura se traducen, en primer término, en un cuestionamiento por la voz femenina. La autora recuerda su infancia y el dulce eco de los relatos que su madre le contaba sobre el mundo. Rememora también su primer encuentro con la Biblia -recordemos que Mistral era profundamente religiosa-, cuando su abuela paterna recitaba de memoria el Nuevo Testamento. Así pues, la voz femenina surge y a la vez engendra la oralidad. Entonces, lo oral está identificado como su forma de expresarse como mujer. Sobre todo, es importante resaltar que, para ella, lo oral significaba la posibilidad de comunicación con los otros y con Dios, lo cual estaba estrechamente relacionado con una función de enseñanza. Por eso, Mistral se desempeñó como profesora e impulsó que las mujeres tuvieran ese rol de educadoras en la sociedad. En relación con ello, es interesante resaltar la figura de la madre como fundadora y creadora de sentido y experiencia. Así, las ideas de Mistral en cuanto a la mujer están indefectiblemente ligadas a su noción de maternidad. En efecto, es esa cercanía que Mistral propone entre la mujer y el rol materno uno de los puntos en que se distancia de los movimientos feministas de la época.
Si quieres saber más sobre la maternidad en la obra de Gabriela Mistral, visita nuestro artículo: La voz de madre.

Una de las búsquedas principales del feminismo latinoamericano de principios de siglo era eliminar la brecha entre hombres y mujeres en el mundo laboral. Así, las mujeres querían liberarse del espacio doméstico al que habían sido relegadas e incorporarse al mundo laboral en iguales condiciones, de remuneración y seguridad, que los hombres. Para Mistral, esa incorporación igualitaria de las mujeres era, en sus propios términos, una necedad. La autora chilena consideraba que sí había una diferencia entre hombres y mujeres y que luchar para que ellas entraran a trabajar en las fábricas como obreras carecía de sentido. Para ella, la mujer debía encargarse de la enseñanza, ya fuera como profesora o como madre. Así, Mistral se separó conscientemente de ese feminismo, de modo que fue duramente criticada por diversos sectores. Sin embargo, Mistral nunca dejó de pensar en la particularidad de las voces de las mujeres, nunca dejó de luchar por su dignificación y se entregó a una lucha, a contracorriente del sistema educativo imperante, por la educación de la mujer.
Por otro lado, Gabriela Mistral criticó duramente el feminismo liberal chileno, pues lo acusó de ser un planteamiento excluyente con el sector más pobre de Chile. Así, Mistral sostuvo una preocupación por aquellos que sufrían en silencio, por aquellos ocultos en los avasalladores campos chilenos. Un temprano ejemplo de ello es su poema “La mujer fuerte”, incluido en su libro Desolación (1922). En los primeros versos se lee:
Me acuerdo de tu rostro que se fijó en mis días,
mujer de saya azul y de tostada frente,
que en mi niñez y sobre mi tierra de ambrosía
vi abrir el surco negro en un abril ardiente.
Aquí, Mistral se refiere a sí misma como una mujer loca, pues, consiente de la transgresión que significa su voz poética y su insistencia en la educación de las mujeres, reconoce que su palabra y su poesía truecan los senderos: nombran un mundo desde una nueva mirada que reclama sus espacios desde los silencios, desde el sufrimiento y desde lo local.
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Referencias:
Cuneo, A. (S.F.) Gabriela Mistral: reflexiones sobre la mujer. Recuperado de: https://core.ac.uk/download/pdf/46546543.pdf
Garrido, L. (2010). “No hay como una contadora para hacer contar”: metapoesía y mujer poeta en la obra de Gabriela Mistral (Tesis doctoral). Universidad de Chile, Santiago de Chile. Recuperado de: http://repositorio.uchile.cl/bitstream/handle/2250/108673/Garrido%20Lorena.pdf?sequence=3&isAllowed=y
Mistral, G. (1967). Poema de Chile. Barcelona, España: Editorial Pomaire. Recuperado de: http://www.memoriachilena.gob.cl/archivos2/pdfs/MC0003272.pdf
Museo Gabriela Mistral de Vicuña, Gabriela Mistral: el universo femenino excluido de su biografía oficial. Recuperado de: https://www.mgmistral.gob.cl/634/w3-article-53134.html?_noredirect=1
Skledar, A. (2016). “Feminismo y transgresión en las obras de Alfonsina Storni, Gabriela Mistral y Juana de Ibarbourou”, Cuadernos de Aleph, 8, pp. 108- 127. Recuperado de: https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=5559727

