La obra de Anastasia Candre tuvo un gran apogeo y reconocimiento dentro los circuitos culturales y literarios de Colombia durante el periodo comprendido entre el año 2002 y el año 2013.
Los premios y reconocimientos otorgados cesaron, únicamente, por la muerte de la autora el 18 de mayo de 2014. Entre ellos se encuentran la Beca Nacional de Creación Oralitura del Ministerio de cultura por su trabajo de grado Yuaki Muina-Murui: Cantos del ritual de frutas de los Uitoto en 2007, y el premio Dedicación al enriquecimiento de la cultura ancestral indígena–rituales ancestrales” del Ministerio de Cultura de Colombia en 2013. Además de poeta, Anastasia fue pintora, cantora e investigadora por lo cual su diversa obra ha sido compilada, editada y publicada, en distintas circunstancias y ocasiones, tanto dentro como fuera del país.
Si quieres saber más sobre la obra de la poeta, visita el texto: La palabra en la poesía de Anastasia Candre: entre la chagra y los cantos rituales.
Entre sus obras, las más reconocidas y de mayor impacto son: “La gente de la Chorrera bañada en sangre” en El paraíso del diablo: Roger Casement y el informe del Putumayo un siglo después, 2014; “Anastasia Candre -Ocaina, Colombia” en ¡Mira! Artes Visuais Contemporâneas dos Povos (Indígenas = Artes Visuales Contemporáneas de los Pueblos Indígenas), obra publicada en Belo Horizonte, Brasil en 2013; y “Peomas” en Pütchi Biyá Uai, puntos aparte: antología multilingüe de la literatura indígena contemporánea en Colombia, antología editada por Miguel Rocha Vivas en 2010. Entre sus trabajos podemos encontrar su libro ¿Quiere saber quién es Anastasia Candre? Amigo lector, aquí estoy, obra autobiográfica compuesta, en algunas secciones, tanto en castellano como en uitoto.
En 1962 nace Anastasia Candre Yamacuri en el corregimiento de La Chorrera, en el departamento del Amazonas. Como es común en la geografía de Colombia, cada territorio es testimonio de la barbarie y violencia con la que se ha escrito la historia del país. Además de que La Chorrera es una locación y referencia fílmica para grandes producciones colombianas como El abrazo de la serpiente (2015) del últimamente criticado Ciro Guerra, o de la película El sendero de la anaconda (2019) del director Alessandro Angulo, fue territorio en donde hace más de cien años empezó la inverosímil y obscena “fiebre de la quina” que fue, por encima de todo, la esclavización de los indígenas y la deforestación de la naturaleza para la producción de materia prima a base de caucho para cubrir la gran demanda en fábricas de neumáticos y otros productos en países como Estados Unidos, Francia e Inglaterra. De esos episodios queda la Casa Arana como símbolo de cultura y crueldad, La Vorágine de José Eustasio Rivera, y miles de indígenas muertos. Lorenzo Candre, padre de Anastasia Candre fue uno de los últimos sabedores tradicionales que nació antes del conflicto colombo-peruano (1932-1933), durante el tiempo del genocidio de las caucherías.

Sobre la niñez de Anastasia Candre ella misma cuenta lo siguiente en su autobiografía:
Soy la última hija del segundo matrimonio del señor Lorenzo Candre con la señora Ofelia Yamacuri. El nombre tradicional de mi padre es Mogorotoɨ, que quiere decir “guacamayo azul sentado en el tronco seco de palma de canangucho como mascota”; ese nombre es así porque somos de clan de tigre de cananguchal, jɨkofo kɨnerenɨ. El nombre de mi madre es Royikoño, que es el nombre que se da a una especie de loras pequeñas con pintas rojas y verdes que los múrui llaman “lora de invierno”; el nombre de mi mamá es así porque ella era múrui royiegaro, clan friaje.
Nací al pie del cerro de Adofikɨ, en la época de croa de las ranas, en época de creciente, por el río Igaraparaná (Chorrera), como dicen los hermanos blancos, el día doce del mes de marzo. Al darme a luz mi madre tuvo un parto muy difícil; desde entonces mi madre vivió enferma hasta el día de su muerte.
Mi papá me internó en el Internado de Santa Teresita del Niño Jesús a los seis años, para que dejara de amamantar la leche materna. Aún recuerdo que sufrí mucho en el internado, pero estaba bajo el cuidado de una de mis sobrinas, que se llama Concepción Gebuy. En 1969 repetí el curso kínder. Mi profesora era una monja española, de nombre Espíritu Santo, era muy buena con todos nosotros los niños y niñas, a pesar de que la mayoría de mis compañeritos no sabíamos hablar ni entendíamos el castellano; eso era, como está escrito en el Antiguo Testamento, una Torre de Babel.
Mi nombre por parte de los blancos es Anastasia; de parte de nosotros, mi madre me llamaba Nata, y en lengua múrui en verdad mi nombre es Tɨnuango (la que recoge frutas de canangucho). En lengua okaina mi nombre es Fatiku (que quiere decir lo mismo), así me llamaba mi padre. Mi padre era okaina, de gente de cananguchal y de tigre; y mi madre era de gente de friaje (múrui). Y yo pues hablo la lengua múrui, hablo la lengua bue, hablo la lengua mɨnɨka. Pues nosotros crecimos en mitad de la gente múrui, no crecimos en medio de los okaina; por eso ya todos mis hermanos hablamos como la gente de La Chorrera en dialecto mɨnɨka, yo no conozco la lengua okaina, sólo entiendo algunas palabras en lengua okaina.
La llegada de Anastasia Candre a la academia y a los círculos culturales y literarios es excepcional y muy interesante. Sobre esto, y según su investigación, Daniel Preciado dice lo siguiente:
En el año 1983 viaja a la ciudad de Leticia [Anastasia Candre] por primera vez para tratarse un quiste abdominal en el Hospital Regional de San Rafael. Una vez curada completamente de su enfermedad, Anastasia pasó por un sinnúmero de trabajos a lo largo de la década; primero como trabajadora del servicio doméstico en la Prefectura Apostólica de Leticia en 1985 y, dos años después, se convirtió en madre comunitaria. Ya para el año de 1990 ingresa como empleada en la sede de Seguros Sociales de Leticia. Una vez contratada el director de la sede le sugiere a Anastasia cursar el bachillerato, ingresando al Colegio Nocturno Alvernia y graduándose en el año 1996.
Tres años más tarde contactó al investigador Juan Álvaro Echeverri de la Universidad Nacional de Colombia Sede Amazonía, con el fin de trabajar y poder acceder, más adelante, a estudiar. La educación que había recibido Anastasia en la chagra le permitió vincularse a la carrera de lingüística, primero como profesora de lengua uitoto acompañando al profesor Echeverri en la parte de fonética y pronunciación, y luego como estudiante-asistente del programa donde tuvo que aprender a mejorar su dominio en el castellano y a transcribir su lengua, la cual es predominantemente oral. De su experiencia en el ámbito académico escribió que no le importaba obtener el título, sino tener un conjunto de conocimientos y saberes que le permitiera ayudar a su comunidad y a los jóvenes indígenas para que no dejaran perder su lengua y sus traducuiones (Candre Yamacuri, 2014)
En 2003, en la Casa de Poesía Silva presenta su recopilación de cantos y bailes ancestrales por primera vez a un público no indígena. En 2007 Anastasia escribe y se gradúa con su trabajo de grado arriba citado Yuaki Muina-Murui: Cantos del ritual de frutas de los Uitoto, para después y con el tiempo vincularse laboral y definitivamente con la carrera en donde impartió y colaboró con la enseñanza y traducción de la lengua uitoto, tanto en las aulas como en trabajos de investigación. Anastasia Candre Yamacuri murió en Leticia, capital del Departamento del Amazonas, Colombia, el 18 de mayo de 2014.
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Referencias:
https://revistas.unal.edu.co/index.php/imanimundo/article/view/45742
https://enciclopedia.banrepcultural.org/index.php/Anastasia_Candr%C3%A9_Yamacuri

