La poeta invitada a la posesión de los presidentes Bill Clinton y G.W. Bush, la poeta de los Juegos Olímpicos de 1998, la escritora del poema epitafio de Mandela, la gran poeta americana Maya Angelou:
Las mujeres hermosas se preguntan cuál es mi secreto.
No soy guapa ni estoy hecha para un desfile de moda
y cuando doy explicaciones,
todos piensan que miento.
Les digo,
está al alcance de mis brazos,
en la envergadura de mis caderas,
en la cadencia de mis pisadas,
en la curva de mis labios.
Yo soy una mujer
extraordinariamente.
Una mujer extraordinaria,
esa soy yo.
Nacer mujer, negra, en familia disfuncional y pobre, en un pueblo norteamericano perdido llamado San Louis, en el ardiente abril de 1928, es como una maldición que cayera cual rayo en el momento de su alumbramiento. Tu nombre será Marguerite Annie Johnson. Después sería la violación del amante de su madre cuando tenía 8 años y los largos años de silencio a los que se sometió por creer, niña apenas, que la violenta muerte de su agresor por linchamiento había sido su culpa, por haberse atrevido a denunciarlo.
Solo la salvarían los libros y un ángel que cruzó su camino. Un embarazo a corta edad y la necesidad de sobrevivir la llevan a los más duros trabajos y a la prostitución:
En la medida de lo posible, se esforzó
por todos ellos. Arqueando su pequeño
esqueleto y gruñendo
hermoso, sus
dedos contando las rosas
en el papel de las paredes.
Ser puta desde niña le había llegado
con engaños. Papi había sido un
sobón. Suaves roces de labios,
suaves roces de muslos.
Una sonrisa por unos zapatos bonitos,
un beso podría suponer un vestido
y un teléfono privado
valía la mayor y más vieja caricia.
Los vecinos y amigos de la familia
susurraban que la vieron
caminando de un lado a otro por las calles
cuando tenía diecisiete años.
Nadie le preguntó por qué razón.
Ella tampoco sabría decirla.
Sólo daba por sentado
que había nacido de ese modo.
El amor fraterno, único leal, la llamaría Maya y su primera frustración le dejaría el Angelou. Sus dotes de escritora plasmados en siete novelas autobiográficas, en una vasta y dolorosa obra poética, en sus libretos y obras para niños, la harían MAYA ANGELOU, la escritora. Sus novelas, y en especial la primera titulada I Know Why the Caged Bird Sings (Yo sé por qué canta el pájaro enjaulado) publicada en 1969, no solo se convertirían en bestsellers sino que sacudirían hasta los cimientos la sociedad, la cultura y la moral americana. Su grito se escuchó en el mundo entero.
Su activismo la llevaría a compartir con Malcom X y Martin Luther King, pero también a llorar su muerte.
Puedes inscribirme en la historia
con tus amargas y retorcidas mentiras,
puedes aplastarme en el fango
pero, aun así, como el polvo, me levantaré.
¿Mi descaro te molesta?
¿Por qué estás apesadumbrado?
Porque camino como si yo poseyera pozos de petróleo
bombeando en el salón de mi casa.
Como lunas y como soles,
con la certeza de las mareas,
como las esperanzas brotan fuerte,
así, me levantaré.
(…)
Puedes dispararme con tus palabras,
puedes herirme con tus ojos,
puedes matarme con tu odio
pero, aun así, como el aire, me levantaré.
Y entonces fue la poeta de los presidentes, de los acontecimientos. Nominaciones y premios editoriales, numerosos honores y medallas, incluso alguna nominación a los Premios Emmy como actriz (por su actuación en la serie Roots, 1977) y un premio Grammy en 1994. Todo ello no solo por su inmenso talento como escritora, sino por la autoridad que le otorgaban las profundas cicatrices en su alma.
Y cuando las grandes almas mueren,
después de un tiempo la paz florece,
lenta y siempre
de manera irregular. Los espacios se llenan
de una especie de
calmante vibración eléctrica.
Nuestros sentidos, restaurados, nunca
serán los mismos, nos susurran.
Existieron. Existieron.
Podemos ser. Ser y estar
mejor. Porque existieron.
Maya Angelou murió el 28 de mayo de 2014. Pero su poesía es eterna, para siempre la sublimación del llanto.
Por: El lector de la calle

