Hay dos eventos por los cuales el nombre de Gioconda Belli traspasa esta cotidianidad grisácea y cosmética. Por un lado, el reciente agravio del cual fue objeto por parte del gobierno de Nicaragua, que le ha cancelado la nacionalidad por decreto, lo cual podría entenderse como una renuncia a la territorialidad de la soberanía de ese país, pues nació en una ciudad, ahora en borroso estado, que, por entonces, el 9 de diciembre de 1948, era Managua, la mismísima capital. Agravio por antonomasia, pues en los años 70 participó activamente en el movimiento revolucionario sandinista que llevó al poder al actual presidente e instauró un gobierno de izquierda que completa ya cinco décadas. Quizás para demostrar por enésima vez aquella ley geométrica: los extremos se juntan.
Ahora le llueven invitaciones y ella, en todo su derecho, ha decidido que en adelante será chilena. ¡Bien por Chile que ganó semejantes letras! Y además una visión política más reposada, aterrizada y progresista de la izquierda, que seguramente significará un aporte para ese país. Su escritura ha sido magnífica desde siempre. En 1972, por ejemplo, ganó el Premio de Poesía de la Universidad Nacional de Nicaragua con el libro Sobre la Grama. Además, abarca una riquísima producción tanto en poesía –Apogeo (1998), Mi íntima multitud (2002), libro ganador del Premio Internacional de Poesía Generación del 27, Fuego soy, apartado y espada puesta lejos (2006), poemario ganador del Premio Internacional de Poesía Ciudad de Melilla, Escándalo de miel (2010), entre otros–, como en prosa, dentro de la cual, para no alargar el cuento, vale la pena destacar La mujer habitada, publicada en 1988, merecedora de varios premios y traducida a más de diez idiomas, el libro infantil El taller de las mariposas (1992) y la novela Wasala (1996).

El segundo evento es el trillado y trivializado Día Internacional de la Mujer, en el que las más enteradas saben que se trata de subvertir una condición perversa y perpetua de dominio y de segregación hacia la mujer, que Gioconda Belli ha denunciado innumerables veces en su prosa y en su verso. La vena de lucha feminista que atraviesa su obra queda plasmada dolorosamente en el poema “Flores del 8 de marzo”, un magistral zarpazo en el malévolo rostro de una sociedad indolente, endurecida y autoflagelante.
Frente a la lucha reivindicadora por la mujeres sometidas, violentadas, golpeadas, violadas, acosadas, discriminadas, disminuidas, solo tres palabras: presente, presente, presente.
Flores del 8 de marzo (El jardín del que nos expulsaron)
Amanece con pelo largo el día curvode las mujeres,
¡Qué poco es un solo día, hermanas,
qué poco, para que el mundo acumule flores frente a
nuestras casas!
De la cuna donde nacimos hasta la tumba donde dormiremos
-toda la atropellada ruta de nuestras vidas-
deberían pavimentar de flores para celebrarnos
(que no nos hagan como a la Princesa Diana que no vio, ni oyó
las floridas avenidas postradas de pena de Londres)Nosotras queremos ver y oler las flores.
Queremos flores de los que no se alegraron cuando nacimos hembras en vez de machos,
Queremos flores de los que nos cortaron el clítoris
Y de los que nos vendaron los pies
Queremos flores de quienes no nos mandaron al colegio para que cuidáramos a los hermanosy ayudáramos en la cocina
Flores del que se metió en la cama de noche y nos tapó la boca para violarnos mientras nuestra madre dormía
Queremos flores del que nos pagó menos por el trabajo más pesado
Y del que nos corrió cuando se dio cuenta que estábamos embarazadas
Queremos flores del que nos condenó a muerte forzándonos
a parir a riesgo de nuestras vidasQueremos flores del que se protege del mal pensamiento
obligándonos al velo y a cubrirnos el cuerpo
Del que nos prohíbe salir a la calle sin un hombre que nos escolte
Queremos flores de los que nos quemaron por brujas
Y nos encerraron por locas
Flores del que nos pega, del que se emborracha
Del que se bebe irredento el pago de la comida del mesQueremos flores de las mujeres que intrigan y levantan
falsos testimonios.
Flores de las que se ensañan contra sus hijas, sus madres y sus nuerasY albergan ponzoña en su corazón para las de su mismo
género
Tantas flores serían necesarias
para secar los húmedos pantanos
donde el agua de nuestros ojos se hace lodo;
arenas movedizas tragándonos y escupiéndonos,
de las que tenaces, una a una, tendremos que surgir.
Amanece con pelo largo el día curvo
de las mujeres.
Queremos flores hoy.Cuánto nos corresponde.
Por: El lector de la calle

