«Una música futura»: cuentos sobre soledades y esperas

Una música futura: cuentos sobre soledades y esperas | La Malinche blog

Este año la editorial independiente Himpar Editores publicó la primera edición en Colombia del libro de cuentos Una música futura (2020) de la escritora chilena María José Navia. En el fondo, esta publicación no solo es un aporte al abanico literario del país, sino que constituye una bienvenida para el raudal de escritoras latinoamericanas contemporáneas que están abriéndose paso en la tradición literaria del continente. Navia, entre ellas, sobresale por su talento como narradora: graduada del pregrado de Literatura y Lingüística de la Pontificia Universidad Católica de Chile, egresada de la maestría en Humanidades y Pensamiento Social en la Universidad de Nueva York y doctora en Literatura y Estudios culturales de la Universidad de Georgetown, María José se ha ubicado en la delantera de la literatura chilena y, hoy, es una de las figuras más prometedoras de la literatura hispanoamericana.

En una entrevista Navia recuerda que en su infancia halló uno de los libros que determinarían su forma de ver y de pensar la literatura. Se trata de Mujercitas de Louisa May Alcott. Si escarbamos en ese hondo suelo de las lecturas de infancia, recordaremos cuál es el gran logro del libro de Alcott: entretenernos, sobrecogernos y cautivarnos con la historia más cotidiana que ha asistido al mundo de la literatura. Es igual con Navia. Una música futura nos lleva por sus páginas como quien recorre un camino que ha pasado mil veces, un espacio familiar y común, pero no por eso menos intrigante y oscuro.

Portada de «Una música futura» en la edición de Himpar Editores. Fotografía tomada de Tornamesa

Para cada cuento, la autora escoge un instante presente desde dónde el personaje va tejiendo ante nosotros las memorias y las expectativas que constituyen su vida. Es una narración íntima, casi como un diario que sabe que va a ser leído por un extraño. Y qué mejor consuelo para un tímido escritor que la certeza de que será leído por alguien que no conoce y que nunca conocerá. Pues bien, los personajes se nos presentan con esa confianza, que, lejos de ser plana y tranquila, nos revela los más oscuros rincones del corazón, sus miedos y su irremediable soledad. En ella emerge la inconfundible distancia entre la intimidad de alguien y los grises imaginarios sociales que tratan de moldearlo. Los personajes de Navia son, por encima de todo, unos exiliados del mundo social que los constriñe. Y lo son muy a su pesar. No se trata de una rebeldía buscada: es una condición humana y real que los aparta de eso que “deberíamos ser”. La protagonista del primer cuento, por ejemplo, sufre porque la existencia de ese espíritu indómito dentro de ella es la razón de su aislamiento y de su soledad: “Mi hermana con el corazón a cuerda y bien guardado en su caja. Yo con este animal enjaulado que me rasguña por dentro” (pág. 21).

A fin de cuentas, la pregunta de los cuentos es sobre nuestra relación con el mundo y con esa animalidad que nos habita. En primer lugar, aparece la cuestión de nuestra propia identidad: ¿cómo nos definimos si estamos en constante conflicto con el mundo?, ¿cómo hallaremos el remanso donde confluyan las aguas interiores y las exteriores?, ¿tendremos que ceder ante las presiones del exterior o liberar al animal que tenemos enjaulado dentro? En segundo lugar, viene el interrogante sobre las relaciones que podemos establecer con otros y si la cercanía con el amado es posible o tan solo una ilusión de compañía. Dicho de otro modo, cómo pueden convivir las decisiones y los deseos de dos personas que, aunque se aman, nunca dejan de ser extraños, solitarios y cambiantes.

El tercer término de esa gran pregunta por el mundo aparece un poco más adelante. Se trata de la experiencia de la migración. Una vez más, los personajes de María José nos hablan desde el desencanto de la realidad en su cruda desnudez. Migrar es habitar otra lengua, vivir entre las orillas, narrar y recordar de formas extrañas el país del que venimos, estar a la espera de un papel, un trabajo, un certificado, una música futura… La música futura es, pues, una promesa de doble filo. Por una parte, es la esperanza que, en su naturaleza incierta, nos consuela con eso que siempre está por venir; por otra, es la engañosa ilusión de un futuro que no existe y que nunca será.

Con todo, los cuentos de la chilena no son fatalistas y desesperados. Son sinceros, en cuanto presentan la realidad y el corazón humano tal y como es: ambivalente, complejo, salvaje…Y, a la vez, nos dejan pequeños rastros de alegría, las diminutas migajas de algo que podríamos llamar compañía, otredad o erotismo. Pues allí, en el instante en que nos encontramos genuina y sinceramente con otro, tendremos una compañía para nuestras soledades: “Me gustaba sentir ese cariño simple y que no hubiese posibilidad de nada más. Estar frente a él sin expectativas, que me abrazara y el cuerpo siguiera ahí, tranquilo, sin querer nada distinto” (pág. 94).

Por: Laura Lucía Urrea Moreno

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