Morir para entender: una lectura de “La amortajada” de María Luisa Bombal

Morir para entender: una lectura de “La amortajada” de María Luisa Bombal | La Malinche blog

Basta con leer la biografía de María Luisa Bombal publicada por La Malinche para encontrar el evidente rasgo autobiográfico de su obra La amortajada, que, como lo registra ese homenaje, es quizás su obra más reconocida. Allí se encuentran evidentes referencias a su trágica relación con el amor y a la soledad, que fue su verdadera aunque indeseada compañía.

María Luisa Bombal nos enfrenta desde el primer párrafo de esta novela al inexorable momento de la muerte. Y aunque tal vez no tengamos, cuando nos llegue el turno, ese momento de conciencia post mortem que propone para su protagonista, muchos de los descubrimientos que en un momento hipotético como ese podrían surgir se quedan rondando en la mente: “Y de golpe se siente sin una sola arruga, pálida y bella como nunca”.

Es el momento en que la muerte aclara esa bruma que cubre la vida opaca a la que nos condenan las apariencias y los prejuicios. Podríamos entonces ver con claridad lo que era realmente importante, resolver si fuimos quienes debimos ser y, en nuestra debilidad humana, entender por fin nuestros sentimientos y los de quienes pasaron por esa vida que dejó de ser: “Ah, ¡Dios mío, Dios mío! ¿Es preciso morir para saber?”.

Morir para entender: una lectura de “La amortajada” de María Luisa Bombal
Portada de «La amortajada» (1938) en la edición de la Editorial Andina de Buenos Aires

Ana María, la protagonista, tiene una oportunidad, simbólica para el ser humano, de repasar su vida entera en ese momento de latencia para descubrir y sanar, para reconocer que –en su trasegar mediocre por el nacer, crecer, reproducirse y morir– amó a quien le hacía daño, dañó a quien la amaba y que, en últimas, fueron otros los motivos que trazaron su camino.

La novela propone así que es quizás inevitable morir para entender que solo tenemos una vida, que a pesar de que el amor es un albur, uno de tantos motivos, es la única oportunidad de vivirla con quien quisiéramos, de construir cada día su razón, de reír cuantas veces nos sea posible, de disfrutar el amanecer y llenarnos de esperanza en cada ocaso.

Porque al llegar la muerte nos llevamos inexorablemente nuestras dudas, nuestras culpas y nuestros secretos. Morir para concluir que el cielo y el infierno duran un instante.

Por: El lector de la calle