En una de sus entrevistas, Angie Thomas señala que The Hate U Give fue el título más indicado para su primera novela, porque, si bien la sentencia completa de Tupac Shakur (2pac), The Hate U Give Little Infants Fucks Everybody, era la primera opción de título, esta hubiera sido demasiado pequeña para una simple portada. La expresión, que se acostumbra a escribir como T.H.U.G. L.I.F.E. –palabras que Shakur se había tatuado en la totalidad de su abdomen y que fueron el título del único LP publicado bajo el nombre del grupo de hip hop Thug Life, Thug Life Volume 1–, fue la resignificación de una sentencia que se había designado para nombrar la “vida de un criminal”, para dar paso a una denuncia contra el racismo, la discriminación y las demás situaciones de tipo estructural que han afectado de forma directa –y con mayor gravedad– a las personas más jóvenes de la sociedad. A manera de profecía, T.H.U.G. L.I.F.E. funciona como una advertencia de que justamente la juventud racializada, abandonada y derogada a situaciones inhumanas de violencia y apatía regresará con dolor en el futuro, y de que el silencio de todos es cómplice de este evento en el presente.
Angie Thomas toma esta lección y escribe sus historias. Entre un escenario lleno de ficciones especulativas, como es el mercado de las novelas para jóvenes o “YA (young adult) Novels”, sus historias parten del criterio con el que ella, como mujer negra y autora, declaró el rumbo que tomaría la vida de sus personajes. Principalmente porque, a pesar de que sus novelas –como The Hate U Give o On The Come Up– pertenecen a un tipo literario cuyo mercado se alimenta en parte de la sobre exposición a la fantasía e imaginación (YA Novels), Thomas tenía claro que estas historias que publicaba debían contar las experiencias de los niños, niñas y adolescentes de los barrios marginalizados en Estados Unidos. Teniendo esto en mente, resalta en dichas historias que no solo hay una cultura e identidad necesarias para construir el sentido de comunidad sobre lo que significa habitar los espacios suburbanos que comparten sus personajes, sino también un riesgo latente de represión policial que los pone en encrucijadas.

Algo interesante en el proceso narrativo de sus novelas es que, si se obedece a la tradición temática de este tipo de relatos para jóvenes, la obsesión que recae sobre la historia del personaje principal requiere de un esfuerzo superior para permitir la identificación del lector con este. Por el contrario, las novelas de Thomas son intencionalmente identificables, pero no por la mentalidad heroica de un personaje que debe luchar contra las estructuras de poder mágicas o míticas que lo asedian: sus luchas son diarias, son múltiples y diferentes, y su enemigo no tiene nunca un rostro distinto al miedo, a la vergüenza y a la debilidad de no poder confrontar el dolor con dignidad.

Finalmente, una parte importante de toda lectura para los jóvenes o niños es la lección que este texto pueda dejar. En la búsqueda de una guía moral como referencia, las novelas para jóvenes adultos prometen que el bien siempre triunfa sobre el mal y que el castigo alcanza a quienes verdaderamente lo merecen. Aun así, las novelas de Angie Thomas no contienen instrucciones sobre cómo superar el racismo y la brutalidad policial luego del asesinato de un amigo, no son guías donde se den pautas para abandonar la marginalidad del barrio donde han vivido sus personajes, ni mucho menos creen en la casualidad de hallar un equipo de amigos leales y eficientes que con un gran esfuerzo ayuden a destruir todo lo anterior. La solución a la que invita es crucialmente simple, se encuentra en la posibilidad de lidiar con el dolor y la frustración diaria, a manejar el racismo estructural en lo posible, y en intentar repetir una y otra vez la advertencia de Tupac Shakur: este trauma que se ha sembrado en la tierra fértil de la sociedad nos compete a todos. Siguiendo estas formas, que prevalecen a pesar del trauma con el que lidian los personajes, las historias de Thomas son una muestra de que, si quizás el futuro es advertido y tratado, podría llegar un momento en el que las novelas para jóvenes contarán una historia diferente.
Por: María Victoria Torres

