Reviso las diferentes versiones de la biografía de María Elena Gertner, escritora chilena que ha llamado mi atención, y en todas ellas se hace alusión a su carácter polifacético y a su talento, y no es para menos. Nació en 1926 en Iquique, Chile, y comenzó sus incursiones artísticas en los 40, específicamente en la actuación, en un grupo de teatro experimental. Gracias a ello, tuvo la oportunidad de viajar y de conocer artistas y escritores que sin duda moldearon lo que sería su desarrollo en los diferentes ámbitos artísticos y particularmente en la literatura.

En los años 50 comienza su aventura literaria con una amplia y variada producción entre la que se encuentran piezas de teatro, un poemario, cuentos, libretos para telenovelas y cine, y siete novelas entre las cuales destacan Páramo salvaje (1963), La derrota (1965) y La mujer de sal (1967), quizás las más reconocidas. De ahí que se la vincule con el movimiento literario chileno conocido como la Generación del 50, donde comparte honores con reconocidas autoras como Margarita Aguirre, María Carolina Geel, Mercedes Valdivieso y escritores como Enrique Lafourcade, José Manuel Vergara y José Donoso, entre quienes se distinguió por abordar temas que entonces eran tabúes, en particular en lo referente a una visión íntima de la sexualidad.
Murió en 2013 en Isla Negra, donde pasó los últimos años de su vida.
A continuación, trascribo el enlace en el cual es posible leer uno de sus cuentos, titulado “El sueño del coronel”, que de manera magistral reivindica la condición de la mujer que ha decidido llevar el desteñido papel de amante, renunciando a su propia luz, bajo la sombra incierta de alguien que igual no le pertenece. Resumo, pues, este interesante texto en el siguiente fragmento, con la intención de que sirva de abrebocas y anime al lector a dar clic y disfrutar de este cuento por lo demás entretenido y de excelente factura:
“–¡Pobre Clarisa! El coronel no es demasiado conversador. Y el amor no se ha hecho para conversar…. ¿no es así? Para charlar él dispone de mucha gente, de su mujer, su ordenanza, sus hijos que salieron mal en los exámenes, docenas de camaradas, el teniente que le sirve de ayudante, y el capellán. Sería un estúpido si viniera a encerrarse en tu cuarto para gastar el tiempo en palabras. Pero a ti te gustaría intercambiar ideas…. por supuesto, eres ingenua y romántica como el común de las modistas provincianas.
–Te gustaría ovillar recuerdos de un pasado común, y, sobre todo, hilar proyectos para un futuro dichoso.
–¡Qué ridícula eres, Clarisa! ¿No comprendes que entre el coronel y tu no existe el pasado, ni menos el futuro?
–Junto a su mujer él rememora el feliz período del noviazgo, se enternece reviviendo la mañana en que el hijo mayor aprendió a dar pasitos, y el menor enfermó de escarlatina; hablar del provenir: del día que jubile con el grado de general y se retire a vivir en una playa lejana, a la sombra de un huerto, a reposar sentado en un escaño, a envejecer en paz, rodeado de nietos.
–Tú no figuras ni en el antes, ni en el más tarde; únicamente aquí, en este presente estrecho. No existe lugar para ti en las fechas que destaca el santoral, ni en las festividades privadas, aquellas que se celebran en familia, con champaña y tortas. Tampoco tienes cabida dentro de las situaciones dramáticas; los peligros, los dolores, y hasta la muerte del coronel, te rechazan”.
Sigue leyendo el cuento, aquí.

Habrá que darse a la búsqueda de las obras de María Elena Gertner.
Por: El lector de la calle

