«Como llama que se eleva», antología de mujeres poetas del Caribe colombiano

"Como llama que se eleva", antología de mujeres poetas del Caribe colombiano

“Hay que convenir en que antes del Caribe el Atlántico ni siquiera tenía nombre”.

La isla que se repite, Antonio Benítez Rojo

Antonio Benítez Rojo, ensayista y novelista cubano, sostenía en uno de sus ensayos más reconocidos, La isla que se repite (1998), que el Caribe era una especie de meta-archipiélago que tiene la virtud de carecer de límites y de centro. Gracias a ello, el Caribe se desborda más allá de sus límites geográficos y alcanza regiones y conceptos variados. De ahí que, tanto la idea como el territorio Caribe “[…] atraviese los mapas de las grandes contingencias de la historia universal, de los cambios magistrales del discurso económico, de los vastos choques de razas y culturas”. Entre tantos ires y venires, el Caribe, como un texto, ha gozado de muchas lecturas e interpretaciones, pero según Benítez Rojo, solo hasta hace poco ese “texto” Caribe está empezando a revelar su propia textualidad.

Todo esto para intentar decir que lo referente al Caribe, por lo general, siempre tendrá tras de sí un afán por ilustrar una esencia -como un ritmo- que es libertad, goce, lucha; “[…] un parto doloroso que es el Caribe”.

Por este camino -sentimos en La Malinche- transita el libro Como llama que se eleva, primera antología de mujeres poetas del caribe colombiano publicado en abril de 2017 bajo el sello editorial Ediciones Exilio a cargo del poeta colombiano Hernán Vargascarreño. La antología reúne a un total de 26 poetas caribeñas entre las cuales no se incluyeron poetas ya fallecidas. Pese a eso, y como forma de unión entre las nuevas y anteriores generaciones de poetas colombianas, el título que lleva la antología corresponde, como bien lo detalla Vargascarreño en la introducción, a un verso de la poeta Olga Chams Eljach, mejor conocida por su pseudónimo Meira Delmar, quien perteneció al famoso Grupo de Barranquilla junto a los escritores Álvaro Cepeda Samudio y Gabriel García Márquez, y quien “[…] seguirá siendo para las poetas del Caribe colombiano la voz mayor que abrió el camino para que la mujer grabara su canto en el cuerpo de un poema” (Vargascarreño, pág. 5).

De igual modo a como Meira Delmar lo hizo para su generación y para la poesía, esta antología abre un camino y una oportunidad para que el Caribe siga sembrando ese meta-archipiélago que sobrepasa sus fronteras y sus climas cálidos, para cosechar al final ese paisaje con un merengue de fondo. Con esta antología, nuevamente el Caribe desplaza sus centros y remueve sus fronteras y viaja en un libro hacia nuevos lectores y lectoras. Así, y como lo dice Benítez Rojo, el Caribe “[…] puede hallarse en un suburbio de Bombay, en las bajas y rumorosas riberas de Gambia, en una fonda cantonesa hacia 1850, en un templo de Bali, en una vieja taberna de Bristol […]”.

La antología es producto de un esfuerzo que no fue liderado por una gran entidad regional o nacional, sino que fue comandado por una editorial independiente que vio un espacio hasta ahora vacío en la bibliografía de la poesía colombiana. Como lectores agradecemos estos esfuerzos por, como lo dice el antologador, convocar a la poesía como al pan de cada mañana; son estos pequeños destellos los que hacen que el conocimiento y el arte tengan el lugar que les corresponde. Invitamos a quienes se acerquen a este texto a adquirir la antología y a conocer a fondo el estado actual de la poesía escrita por mujeres en el Caribe colombiano.

Para concluir dejamos unas palabras del antologador consignadas en la presentación del libro:

«Recorrer el mapa poético del Caribe colombiano centrándose en la voz de la mujer, no solo es reconocer la diversidad de herencias que han amalgamado a esta parte sustancial del país, sino también sopesar el aliento de la palabra que se niega a callar y que levanta sus banderas para instaurar una fiesta donde todo goce promulgue las libertades que bien sabemos han nacido mejor desde la voz de una mujer. África, Oriente Medio, España y la Colombia indígena, son básicamente las sangres que al unirse en la costa Caribe colombiana siguen cantando en la voz de una sola mujer que se sabe portadora de la luz de la vida, del ritmo que se precisa para ondular sobre la tierra, de la música que llama desde el mar, la sabana, el río y la ciénaga, es decir desde el palpitar de un pueblo que al igual que sus alegrías también sabe cantar tristezas».

Y dos poemas favoritos:

A riesgo de caer

Yo estoy vigilante para hablar de lo que veo
a través de la ventana

Orietta Lozano

Se han agolpado todas las aves
en el verde manto de la tierra que atisbo por la ventana.

He confundido a peces voladores y golondrinas,
y desde que las aguas visten el color del pasto
me es imposible diferenciar tierra y lago
si sobre ambos, piedras y nenúfares,
arden como la flor del día.

Comprobarán mis pies que la tierra es tierra
y que el agua es agua,
porque de ambas ascienden árboles inmensos
sin procurarme sobra.
O seré ave a riesgo de caer.
O seré mujer a riesgo de volar
de flotar
de caminar sobre las aguas
o morir ahogada.

Entonces arderá en mí lo vegetal
y desestabilizará el color de la materia.
Porque preciso locamente
palpar la savia de los bosques y los campos
olvidar la ventana y hundirme para siempre
bajo el verde manto de estas aguas.

Irina Hernández (San Juan Nepomuceno, Bolívar, 1988)

Reloj de Arena

Fuiste la rosa.
Sucediste en primaveras ignoradas
en este, tu suelo de trinitarias
y noches balanceadas en el canto de los grillos.

Sucediste, como las horas de junios antiguos,
cuando el tiempo hablaba de lunas festivas
y eras la rosa de todas las esencias
a pesar de no haber sido yo
la calma
cuando abracé tu cuerpo aún tibio
ya sin vida en mi regazo.
A esa hora la hierba cantó sobre la tierra
un fragmento de orfandad
entre las cosas que viajaron contigo
en busca del nido y la crisálida
cuando la hierba creía en devenires de sombras.
En las tablas han temblado lamentos
sobre un rumor de fragancias difuntas.
El polvo, solo el polvo,
colorea enseres y alimenta desvelos
en las pacientes noches de los grillos
y este corazón de que me desprendo cada mañana
espera el encuentro de sus mariposas
con tu primavera imaginada.

Angélica Santamaría (Sincelejo, 1974)

Por: Samuel Colmenares