En 2018, con ocasión de los setenta años de Anabel Torres, la editorial Letra a Letra publicó la antología ¿Y la alegría?, donde aparecen reunidas, por primera vez, selecciones de poemas de los nueve libros publicados de la escritora bogotana. Aunque nacida en la capital colombiana, Torres recibió parte de su educación en Estados Unidos, después en Holanda y, finalmente, se radicó en Madrid. Su escritura y su vida han estado, pues, entre mundos y entre lenguas. Como una vida en movimiento que no cesa y que decide no abdicar, así la palabra de Anabel Torres está cargada de la potencia vital primera del extranjero, del viajero que se sabe camino y andar. Primero como un barco que busca puerto y que empujado por las olas sigue siempre un curso nuevo, y luego como el mar, “la ruta de un sitio a otro”: y allí, en ese irse haciendo otro, nace la poesía.
Frente a ella, aparece la rutina, la monotonía de la vida diaria que nos sumerge en una espera sin sentido, en el silencio de un mundo incoloro. Por eso, Torres se consagra a la poesía, la llama y le pide: “haz que no nos enceguezca /la rutina cotidiana” (37). Así, la palabra poética surge como un remedio a la ceguera, nos quita el velo del desencanto y le devuelve al mundo, como un milagro pequeño, todos sus sentidos. Separada de la tradición bogotana que cantaba a la belleza, Torres crea una poesía que es en sí misma bella, pues retorna al mundo para llenarlo de significados.
Entonces, Anabel Torres clama por una vida que no se agote en la rutina y que, valiente y libre, transite por la pasión, el dolor y el amor:
Jamás
por mi propia mano
me colgará el corazón de una percha.
Prefiero que este vuele
y si no vuela,
que se arrastre (38).
Además, preocupada por la violencia y la muerte, Torres reflexiona sobre el lugar de la mujer en la guerra: a la espera de los disparos, las mujeres despiden a sus hijos, los entierran en silencio, luchan calladas sus batallas de duelos oscuros. La poesía le permite, entonces, sentirlo todo: el dolor y la desesperación de ser testigo de una tierra encharcada de sangre, la indignación de una nación que cuenta apática sus muertos y, a la vez, la alegría de los pequeños milagros que suceden: una risa, un taxi que se detiene, un suspiro.
La pregunta del título se resuelve entonces en esa certeza: la carencia de alegría que lleva a la interrogación termina con la poesía como guardiana de la soledad y del amor. ¿Y La alegría?: aquí en la palabra la alegría.
Haz que yo oiga, pruebe, rechace,
haz que sufra, goce,
vea,
déjame amar y llorar y sobre todo, por favor,
haz que no olvide reír
[…]
¡esto soñé, yo inmortal,
que me agarraba a la vida (48).
Por: Laura Lucía Urrea Moreno
Si quieres leer el poemario, te invitamos a que visites la página web de la editorial Letra a Letra y conozcas más sobre sus publicaciones. Además, la editorial estará en la Feria del Libro de Bogotá 2022 y allí podrás acercarte a los libros que más te gusten.
¿Te gustó este texto? Visita ahora el Homenaje a María Mercedes Carranza, otra de las autoras colombianas publicadas por la editorial Letra a Letra.
Torres, A. (2018). ¿Y la alegría? Bogotá, Colombia: Letra a Letra.

