«Una mujer corre»: la vida en extensión

Una mujer corre: la vida en extensión | La Malinche

Esta novela de la escritora argentina Bibiana Ricciardi, publicada por la editorial independiente Caballito de Acero, es perfecta para aquellos que, dentro de su rutina y su estilo de vida, tienen el correr como ejercicio de liberación y reflexión. Esta novela es narrada por Antonia, una mujer que es hija, madre, esposa y paciente de cáncer mamario, y que encuentra en salir a correr una ventana necesaria y vital.

El ritmo del texto es marcado desde el prólogo, escrito por la actriz Isabel Cristina Estrada: idea, punto, reflexión, punto, percepción, punto, sensación, punto. Una mujer corre está fundamentada bajo esta estructura del trote: en el texto son pocas las frases de más de dos líneas y por eso mismo la lectura, al igual que este ejercicio, es adictiva. Una vez se comienza, el ritmo del texto no le permite al lector dejar el libro hasta que esté concluido. Pero no solamente por esto es un libro absorbente, la historia, su cadencia, las voces de Antonia, la exterior y la de su consciencia, la deconstrucción y construcción de su identidad a partir de la memoria y el constante juego con la alteridad al que está sometida la persona que transita corriendo el espacio público, hacen de esta novela un incentivo para repensar la vida.

Una mujer corre: la vida en extensión | La Malinhe
Portada de Una mujer corre. Fotografía tomada del catálogo de la editorial Caballito de Acero

La vida en extensión es el tema central de Una mujer corre, se piensa la vida del instante, la corporal que le permite moverse; la del pasado incómodo que le concedió una identidad postiza; la del presente que agoniza por la enfermedad, pero también por la cicatriz de una guerra que sigue latente, y, finalmente, la de la vida construida, la del hogar, la seguridad. Con la lectura de Una mujer corre, el lector rememorará las dictaduras del Cono Sur, reflexionará sobre su vigencia permanente, sobre la inestabilidad de la cotidianidad, y encontrará en la disciplina por ejercitarse un aliciente para sobrellevar todas las cargas.  

“¿Correría si no fuera por la mirada del otro? Del otro, no de la otra. (…) La mirada de un marido te persigue hasta cuando corrés. Qué sabe él si no tengo amigas. A Lucas no le gusta. Te vas a caer. No hay deporte sin lesión. Pequeño déspota, va a tener que arreglárselas solo finalmente. Julieta me cuida. Mi mamá me cuida. Mi papá también. Cuál papá. Ni el que me engendró que jamás se supo” (67).

Por: María Paula Díaz Castro


Si te gustó este texto, te recomendamos visitar el catálogo de la Editorial Caballito de acero.