«La Mata»: renacer después de la violencia

Este poemario publicado por Laguna en el 2020 es un ente, un cuerpo vivo que se angustia, enfrenta la muerte, la violencia, la pérdida, pero que renace. La Mata como libro objeto le ofrece al lector no solamente los bellos poemas de Eliana Hernández, sino también unas ilustraciones preciosas de María Isabel Rueda, que se van tragando de a poco las palabras.

La narrativa se constituye a partir de una polifonía de actores que se ven involucrados en el conflicto, en este caso representados por Pablo, Ester, ‘La Mata’, los investigadores y los testigos. La historia comienza enfocada en Pablo, un campesino que era el presidente de la junta de Acción Comunal, cuando los paramilitares se tomaron El Salado en febrero del 2000, luego pasa a la voz de su esposa Ester quien se resguardó en ‘la mata’, para sobrevivir a la guerra.

Después, desde ‘La Mata’ se enuncian las demás voces, cuando ya para las víctimas los acontecimientos son indecibles, cuando la guerra ha irrumpido en la vida como una noche incesante, que lo cubre, lo demanda y lo perturba todo, es la naturaleza el sujeto activo de la narración. En ella quedan las marcas de la violencia, la sangre derramada, los cuerpos inertes que nadie quiere ni puede enterrar, pero que ella reintegra a su cimiente para transformarlos en plantas que florecen y le dan un aliciente de esperanza a quienes las observan.

"La Mata": renacer después de la violencia | La Malinche
La escritora colombiana Eliana Hernández, autora del poemario «La Mata». Fotografía de El Espectador

La lectura de “La Mata” para un colombiano es necesaria, son muchos los textos que informan y retratan el conflicto armado, pero pocos los que logran sumergir al lector en ese torrente de la fuerza de la violencia. Parte de la belleza de este poemario recae en que las imágenes que sugiere no son morbosas, incluso cuando lo descrito lo ameritaría, el hecho de que la espacialidad sea el propio agente narrativo, que cubra la mayoría de ángulos para enfocar al mismo acontecimiento, y que además las ilustraciones acompañen a las palabras, que aparezcan paulatinamente para sanar las heridas, para ocupar los espacios en blanco que las letras impresas van dejando, y el que ‘La Mata’ sea quien aclara, declara y señala, le dan un matiz especial. ‘La Mata’ es el testigo que nadie quiere ser, la madre que ofrece el hogar y la protección que ni el Estado, ni los agentes de seguridad, ni los ciudadanos quieren proveer. ‘La Mata’ acoge, sana, repara, alimenta y testifica lo indecible, para comunicárnoslo finalmente a nosotros con el fin, sino de hacernos compadecer, por lo menos sí de alterarnos y recordarnos que la Paz es un proyecto común que como Nación debemos buscar.

“Señala La mata:

Frente a la extensión de la noche

Las formas ocultas de la vida:

La tozudez de cornejos y herbáceas,

El concierto feroz de las chicharras,

El germen de la miel:

¿cómo no tener orgullo?

¿cómo no unirse a esa inflorescencia,

indestructible y bella?

Mientras, arrecia el aguacero,

interrumpe la siesta de los niños en las casas,

corta el día con su sentencia” (69).

Por: María Paula Díaz