Al leer Estación tropical y otros poemas sinuosos (2020) de la escritora bogotana Carolina Bustos Beltrán, presenciamos la creación de un mundo contenido en 180 páginas. Así, no es un poemario común y corriente, o una compilación de textos regados. En cambio, se trata de un universo completo fundado por cuatro voces femeninas: la autora, Carolina Bustos; la ilustradora, Alexandra Arango; la traductora al portugués, Sandra Santos; y la prologuista, Marga López Díaz.
Es más, esa presencia de lo femenino deja su rastro por todo el libro y es parte constitutiva de ese mundo tropical creado. Desde la dedicatoria, la mujer aparece como centro de lo que viene y, después, los poemas trazan la correspondencia, primigenia y originaria, de la mujer con la naturaleza. Frente a ella, aparecen la guerra, el hambre, el conflicto y la violencia como enemigos de la matriz fecunda y sensorial que es la poesía.

En efecto, uno de los ejes centrales de la poética del libro es una presentación del lenguaje en su desnudez primera. Así, los poemas de Estación tropical son un juego magistral con el lenguaje: desde la sonoridad, hasta el significado, el lenguaje queda desprendido de usos malgastados y retorna a su estado de libertad originaria. Allí, en su capacidad metafórica para crear mundos imaginarios, reside la apuesta de la voz poética de dibujar la estación tropical. Aunque con correlaciones en el mundo que conocemos, la estación tropical es el libro mismo y está fundada y moldeada por cada una de las palabras que lo componen.
Al final, el gran triunfo del poemario es probar esa capacidad creadora del lenguaje: aunque al inicio parezca metafórica y extraña, al terminar el libro sentimos que ya sabemos qué es la estación tropical, no podemos explicarlo, pero la hemos sentido, olido, escuchado y recordado. Así, el lenguaje, ceñido a la búsqueda de un mundo nuevo, pasa por una triple prueba de traducción: primero, de imágenes populares, animalizadas y legendarias a palabras poéticas; segundo, de evocaciones simbólicas profundas a correlatos mundanos, reales y visibles; y tercero, del español al portugués, como una forma de dar cuenta de la experiencia de una voz poética que, influenciada por la poesía del escritor Fernando Pessoa, se reconoce como una navegadora portuguesa.
Por: Laura Lucía Urrea
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